EL INFANTE DON FERNANDO DE LA CERDA

Fernando nace en Valladolid en 1255. Sus padres fueron el rey castellano Alfonso X el Sabio y Violante de Aragón. Pertenece, por tanto, a la dinastía Borgoña. Sus abuelos por línea paterna son Fernando III y Beatriz de Suabia, y Jaime I de Aragón (el Conquistador) y Violante de Hungría por línea materna. Es el primer varón de los once hijos de Alfonso X. 

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El inicio de las responsabilidades

Con diez años concertó Alfonso X su matrimonio con Blanca de Francia, hija de Luis IX, rey de Francia y Margarita de Provenza, nacida poco antes que Fernando, en el transcurso de la primera de las cruzadas organizadas por su padre San Luis.

El 30 de noviembre de 1269 se celebró la boda en Burgos con grandes festejos, donde se congregó buena parte de la nobleza del reino e incluso Jaime I de Aragón. Fernando de la Cerda tenía catorce años recién cumplidos y doña Blanca diecisiete. La elección de la fecha no debió de ser casualidad, ya que ese mismo día, pero cincuenta años antes, sus abuelos, Fernando III el Santo y Beatriz de Suabia, contrajeron matrimonio en Burgos. Cabe destacar que durante las celebraciones, Alfonso X recibió una coz de un caballo en la cabeza, de la que nunca se repuso, provocándole a partir de entonces algunos momentos de enfermedad como consecuencia de los dolores y fiebres que sufrió.

Coincidiendo con su boda, don Fernando de la Cerda inició su labor política en su condición de infante heredero, implicándose en labores de administración y gobierno del reino. Desde sus comienzos en la vida pública se conformó una cancillería propia del infante que, a lo largo de su corta vida pública, emitió la documentación relacionada con su acción de gobierno.

 

Tensiones internas: conflictos con la nobleza

En 1272, Fernando fue nombrado Adelantado del reino de Murcia, aunque ejerció el cargo en su nombre Enrique Pérez de Arana.

Durante este periodo destaca especialmente su actuación ante el levantamiento nobiliario de 1272. Así, entre septiembre y octubre de 1272 se celebraron las Cortes de Burgos en las que la nobleza manifestó a Alfonso X su malestar, quejándose entre otras cuestiones de que no se respetaban sus fueros y de un excesivo afán recaudatorio. Como no llegaron a un acuerdo, un nutrido grupo de nobles decidió irse a Granada al amparo del rey Muhammad I.

Debido a la actitud de los nobles y al orgullo del rey, que estaba bastante enojado con ellos por sus continuos desafíos y por la ruptura del vasallaje, Alfonso X no se encargó directamente de las negociaciones, quedando estas en manos de un nutrido grupo de magnates, encabezados por la reina Violante y su hijo don Fernando de la Cerda.

Las difíciles negociaciones continuaron en Córdoba durante el resto del año, y en ellas tanto doña Violante como don Fernando de la Cerda aceptaron buena parte de las reivindicaciones de los nobles, accediendo el infante incluso a entregar a Lope Díaz de Haro la tierra de Álava. El acuerdo con los nobles se firmó finalmente en Sevilla en los últimos meses de 1273, y en él Fernando de la Cerda actuó como representante de su padre. Es posible que la feliz resolución del conflicto convenciera a Alfonso X para dejar a su primogénito a cargo del reino e ir a entrevistarse con el papa con el fin de intentar ser reconocido como emperador. A fin de reunir fondos para su desplazamiento y organizar su séquito, en marzo de 1274 Alfonso X convocó Cortes en Burgos, en las que además nombró regente al infante don Fernando mientras durara su ausencia, ordenando que si le sucedía algo durante el viaje le reconociesen como sucesor. Tanto el rey como el infante se trasladaron posteriormente a Zamora, donde se realizó una nueva convocatoria de Cortes, que se celebraron entre junio y julio de 1274, y en las que Alfonso X renunciaba formalmente en imponer el Fuero Real, regresando por lo tanto al sistema jurídico anterior.

 

Problemas con la frontera sur del reino

Sin embargo, el itinerario de don Fernando se vio alterado por la llegada de los benimerines a Tarifa, que habían acudido a la llamada de auxilio de los granadinos. Desembarcaron en Algeciras y Tarifa entre finales de enero y principios de febrero de 1275. Entre tanto, en su lento desplazamiento hacia Andalucía, a la espera de que se fueran congregando las diferentes mesnadas señoriales y concejiles, el infante don Fernando de la Cerda se dirigió a Villa Real, donde repentinamente se produjo su fallecimiento.

Protagonismo de su hermano Sancho

La muerte del infante don Fernando cambió radicalmente la posición de su hermano Sancho, ya que en un momento clave y complicado se encargó del gobierno del reino e hizo frente a la invasión benimerín. Era la coyuntura ideal para mostrar su valía y la aprovechó perfectamente, con la clara intención de desempeñar el cargo que había tenido su hermano. Contaba con el apoyo de parte de la nobleza, entre la que destacaba Lope Díaz de Haro, enfrentado a Juan Núñez de Lara, al que Fernando de la Cerda había encargado la defensa de los derechos de sus hijos.

Blanca de Francia había enviudado seis años después de su matrimonio. Su suegro Alfonso X el Sabio, presionado por su segundo hijo, tuvo que ceder los derechos de sus nietos Alfonso y Fernando, conocidos como los Infantes de la Cerda.

El heredero había muerto, su hijo Alfonso era muy pequeño, tenía tan sólo cinco años, y quien estaba ejerciendo como regente era el infante don Sancho con una legitimidad un tanto dudosa.

El problema sucesorio

Según la norma que tradicionalmente se seguía en Castilla, heredaba el trono el primogénito por línea masculina y en caso de su fallecimiento, correspondía al siguiente varón, pudiendo reinar finalmente las hijas. Sin embargo, la recepción del derecho romano durante el reinado de Alfonso X modificaba esta cuestión, ya que Las Partidas establecían que si el heredero moría teniendo descendencia, era ésta la que adquiría los derechos directos de sucesión. Por otro lado, se conserva una versión de Las Partidas en la que se primaban los derechos del segundo hijo del rey sobre los de los nietos del primogénito. No sabemos si contó con autorización del rey, pero seguramente se debió de elaborar con el fin de justificar las pretensiones de don Sancho al trono, ya que, además de cambiar el sistema de sucesión, modificaba la edad mínima para reinar, pasando de los veinte a los diecisiete años. Así, se evitaba que en caso de fallecimiento del rey hubiera necesidad de regencia, puesto que Sancho tenía ya esa edad.

El rey sufría una enfermedad que poco a poco iba empeorando y que se manifestaba en frecuentes accesos de cólera, por lo que se pensaba que estaba loco y, por lo tanto, que era incapaz de continuar gobernando. Toda esta situación lógicamente tuvo que afectar a la familia real y pudo explicar perfectamente la decisión tomada por la reina doña Violante a principios de 1278 de abandonar el reino junto a su nuera Blanca y sus nietos, los infantes de la Cerda, para refugiarse en Aragón, al amparo de su hermano Pedro III.

En vista de la situación en que habían quedado sus hijos, desposeídos de sus derechos por su tío Sancho, apoyado en un primer momento por su padre Alfonso X, Blanca de Francia solicitó la ayuda de su hermano el rey de Francia, Felipe III de Francia, quien se dispuso a invadir el reino de Castilla.

Finalmente, el problema de la sucesión al trono se resolvió en las Cortes de Segovia celebradas en el verano de 1278, donde definitivamente se proclamó a don Sancho como heredero.

Un conflicto internacional

Sin embargo, el escollo principal de todo este conflicto era el problema de la situación de Alfonso de la Cerda en la sucesión al trono. El monarca castellano estaba dispuesto a ofrecer a Alfonso de la Cerda el reino de Jaén y 500 libras de renta a cambio del homenaje a don Sancho, algo que no aceptaron los delegados del rey de Francia, que exigieron el reino de Castilla o el de León.

La ruptura definitiva entre Alfonso X y don Sancho se manifestó en la reunión que el infante heredero organizó en 1282 y en ella estuvieron presentes los partidarios de don Sancho, entre los que se encontraban buena parte de la familia real, incluida su madre doña Violante. Así pues, en esa reunión se decidió desposeer a Alfonso de todas sus atribuciones como monarca. Los argumentos utilizados para la deposición del monarca fueron los exagerados gastos provocados por sus pretensiones imperiales y en las campañas contra los musulmanes, los excesos impositivos, la ejecución sin sentencia del infante don Fadrique, las mercedes injustas y la alteración monetaria. La situación para Alfonso X era bastante complicada, contaba con muy pocos incondicionales. Tampoco tenía apoyo exterior, y mientras don Sancho contó con el de Pedro III de Aragón y del rey de Portugal, don Dionís, a Alfonso X solo le prestaría ayuda Felipe III de Francia con la condición de que reconociera los derechos de los infantes de la Cerda, y Abu Yusuf, sultán de los benimerines, cuya adhesión a la causa del monarca supuso que el rey de Granada decidiera apoyar a don Sancho.

El 8 de noviembre de 1282 el rey dictó su testamento, en el que desheredaba a don Sancho y a sus hijos rebeldes, dejando el reino a su nieto mayor, Alfonso de la Cerda.

Si bien las aspiraciones de Alfonso de la Cerda fueron aparcadas en 1291 por el Tratado de Monteagudo,​ la guerra civil (1296-1304) continuó en los tiempos de Fernando IV.​ Finalmente, durante el reinado de este último, después de años de conflicto, la sentencia arbitral de Torrellas significó el cese a las pretensiones castellanas de Alfonso, desplazando definitivamente de este al legítimo pretendiente al trono, así como a su descendencia, el linaje de la Cerda.

REFERENCIAS

https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_la_Cerda

https://www.youtube.com/watch?v=USB5naihVIw

ALCANATE, revista de estudios alfonsíes, volumen XI 2018 – 2019

Revista Príncipe de Viana, año LXXX 274 – 2019

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